lunes, 19 de julio de 2010

Primer capitulo- El pueblo

En el pequeño pueblito de Gordenburgo situado a trescientas millas en la carretera principal, la vía mas rápida para llegar a la ciudad de Washington no era un pueblecito complicado de transitar pues todas las edificaciones importantes como el hospital, el supermercado, la escuela primaria y segundaria , y las comisarías, hotel, con varias tiendas de ropa , florerías , cafeterías ,bares y todo tipo de establecimientos se encontraban en la vía principal, con las viviendas detrás de la fachada comercial. Todos los negocios de la avenida poseían su estacionamiento, para facilitar el flujo de autos y autobuses que todos los días pasaban por ahí.
Pensaba que era un pueblito adorable. Como uno de esos que vez en las películas. Todo el mundo se saluda por la mañana o más bien cada vez que se encuentren, y es seguro que se verían pronto ya que es una de las cosas que te esperarías al vivir en un lugarcito tan hogareño.
De pequeño siempre tuve esa perspectiva. Creía que estos lugares eran como la aldea de santa, un santuario de armonía y compañerismo. Donde se ayudan unos a otros, comparten y ríen; creía que si alguna vez iba a uno de estos lugares al llegar todos me saludarían alegremente, que al entrar a una cafetería la mesera me haría sentir como en casa al preguntarme amablemente lo que deseaba y llamándome corazón o algo por el estilo.
Tal vez bajo otras circunstancias estaría un poco más emocionado por este viaje. Es algo extraño tener la oportunidad de realizar uno de tus sueños de niño y no disfrutarlo en lo más mínimo. Supongo que es culpa mía por haberme hecho tan altas expectativas o mas bien es culpa de mi madre por ilusionarme con sus historias tan esperanzadas sobre lugares así.
No tuve problemas para encontrar el motel aunque es la primera vez que vengo. No por que no hubiera tenido ganas de conocerla antes si no por que no estaba enterado de la existencia de una familia tan cerca de mí. Ella nunca me lo dijo y yo no pregunte nunca. Solo me puso al tanto para que yo siguiera el trabajo que por tantos años había hecho a escondidas y que ya no podía continuar.
Yo me sentí muy honrado de poder continuar con su legado. La perdoné por no confiar en mí.
Se respiraba un aire de cotidianidad inexplicable, es como si pudiera ver el pesar en sus caras por el afán de cada día. No se si fuera por el aire brumoso de mi alrededor. Nadie me detenía para preguntarme si soy de por aquí. No siento ese calor familiar que debería experimentar cada vez que visito un lugar alejado de la ciudad.
Todos aquí debían conocerse desde siempre, las amistades remontarían del primer grado. Desde que uno tiene uso de razón.
Siempre he pensado que las amistades de toda la vida son una joya predilecta, un tesoro invaluable. No todos tienen el privilegio de decir “nos conocemos desde siempre” esto es una prueba clara de que ellos pasaron por los mejores momentos juntos , tal vez todo comenzó con unas risas en el primer día de clases el juego de la infancia se convirtió en la unión aparentemente indestructible e interminable. Las risas, el llanto, las peleas, los secretos que juraron guardar; los cafés que tomaron juntos, todo el apoyo que te brindó cuando lo necesitabas, los trabajos que realizaron juntos, el día a día los hizo uno solo.
Que irónico; suena tan especial y al mismo tiempo tan miserable la costumbre de tantos años , la comodidad de tener algo asegurado , el miedo a lo desconocido , la misma rutina en la que nos resguardamos.
En aquel entonces no lo entendía como ahora, le coroné como temor sin saber en realidad lo que es en verdad una unión como esa.
Me decepcioné al entrar a la cafetería desde la primera mirada que me lanzó la mesera con la cara de amargada que tenía. Como invitándome a salir por donde había entrado.
Vi a un anciano en la cafetería, se sentó solo, le dijo a la camarera que le sirviera lo de siempre y no pronuncio otra palabra, solo se quedo ahí mirando por la ventana, viendo a las personas ir y venir por la calle. Como desee que no fuera así como pasara todas las mañanas. No se si tuviera esposa o hijos. Pero se que tenía a la soledad sentada a su lado.
No me fui a sentar con él, pero lo acompañé en sus sentimientos. Yo también me sentía solo, es algo a lo que no me quiero acostumbrar.
Salí de ahí con paso decidido pero al abrir la puerta, miré la avenida atestada, yo no tenía a nadie que me esperara. No conocía a nadie, no tenia con quien hacer planes. De pronto la indecisión me golpeó en la cara con fiereza. Pensé en volver al motel pero después creí que sería mejor despejar la mente. Caminé por la acera y vi una zona verde con bancas para sentarse. Me dirigí a ellas sin ningún propósito en especial solo deseaba matar el tiempo hasta que llegara el medio día. Me senté de espaldas a la carretera para olvidar que no me encontraba en un lugar escondido de la vista de la multitud, me recosté hasta apoyar mi cabeza en el espaldar del asiento mire al cielo, habían muchas nubes en el. Me sorprendió que por esta vez no encontré consuelo en su grandeza pues me sentí insignificante, solo un bicho solitario entre la gente.

Cuando baje la vista, vi que una paloma se había posado en la banca junto a mí. No me moví no quería ahuyentar a la única acompañante que tenia en el momento, me fijé en ella en el movimiento gracioso que hacía con la cabeza, la observé revolotear y le dirigí una mirada vacía concentrado en otros pensamientos ajenos al tema. Me preguntaba si algún día las cosas mejorarían, si esto les ha pasado a otras personas y que ellas logran superan mi misma situación con éxito. Pero yo me encuentro al borde del suicidio, no se qué puedo hacer para ya no sentirme al tal grado de abandono. Todo da igual. Las actividades que siempre me han reconfortado hoy se me hacen vacías y tediosas. No le encuentro significado a este traqueteo constante, hago las cosas por que sí y ya. No sé a donde voy, por momentos creo encontrar algo de lo cual sujetarme pero el sueño que un día me iluminó el camino, me alentaba y me daba motivos para dar un paso detrás de otro de pronto se ha desvanecido, me ha dejado solo en la incertidumbre.
La luz que una vez me alumbró, hoy se apagó dejándome confuso y lleno temor.
En algún momento en el que estaba sumido en mis pensamientos la paloma voló. La vi desaparecer a la distancia. Me invadió un sentimiento de tristeza incontenible. Busque a mi alrededor como buscando un rostro familiar en cual encontrar consuelo. Pero todos eran completos extraños. Sentí rabia de mi mismo por no poder controlarme. Las lágrimas corrieron rápidamente por mis mejillas quemándome pues mi cara ardía de furia. Me las seque con un movimiento brusco de la mano.
Sentí tanta lástima de mi mismo. Como no deseaba que otros sintieran lástima de mí, me puse de pie y me dirigí al motel con paso veloz .Cruce el estrecho trato de acera que me separaba de mi destino sin que ni un pensamiento me pasara por la cabeza. Entre al edificio de pobre esplendor. El sujeto del lobby me pregunto algunas cosas, se que trató de ser amistoso, fue por eso que intenté ser educado. Esbocé una sonrisa forzada ante un chiste que no me había interesado entender. Al abrir la puerta de mi pequeño cuarto, miré a todos lados, me desabroché la camisa y estuve a punto de gritar pero me contuve. Salté sobre la cama, me estrujé la cara con las manos para insensibilizar mi rostro. Con el objetivo de que no saliera otra expresión de amargura de él. Me prometí que no habría en él, una sola expresión de sufrimiento más.
Oí todos los ruidos de afuera, eran tantas voces que las oí a lo lejos.
Me pareció que eran millares de personas hablando al mismo tiempo. “Un montón de conversaciones superfluas” me dije a mi mismo. “Bueno, qué mas puedo esperar que una frívola existencia en este mundo vacío” me respondí a mi mismo reprochando por no cumplir mi promesa de no permitir que mi rostro adopte expresiones de dolor.
Las voces de afuera se convirtieron en un solo gran murmullo.
Me vi ahogado por ese murmullo, el cual ya no deseaba oír, pues se había vuelto incesante y molesto.
Entendí que yo no era parte de eso, las personas me parecían criaturas ajenas y extrañas. Entendí también que el murmullo me molestaba porque yo intentaba vivir siempre en mi propio mundo; aislado de todos, creyendo erróneamente que nadie me comprenderá; que intentar encontrar a alguien sería un esfuerzo innecesario.
Entendí que todo lo veía con gran claridad, hasta me creí capaz de especular que otras personas han pasado por esto.
Entendí también el por qué de mi problema y entonces me pregunté: “¿Cómo se puede captar con tanta claridad las causas de un problema y aun así no poder darle solución?
Era algo ilógico, totalmente ilógico.
Me rebané los sesos por que en ese entonces no lo sabía.
Hoy, ya lo sé y siento gran humildad por que comprendo bien con cual facilidad puedo volver a ese punto en el que me encontraba atrapado y lo peor es que no experimentaba alguna motivación para querer encontrar un escape.

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