En este pueblo rebosante vida nocturna vivía una niña de unos escasos cuatro años y medio. Ella era una niña poco agraciada, pues para su poca fortuna no tuvo la libertad de elegir a las personas más allegadas a ella. Su abuela la Señora Dolores Lonvate una mujer orgullosa y pretenciosa, el apellido Lonvate parecía tener cierta marca de grandeza y superioridad ya que el apellido de su difunto esposo el señor Vivaldo Lonvate que en sus tiempos de juventud era el mejor prospecto que se pudiera encontrar en el pueblo.
Ya que era de padres adinerados, dueños de grandes haciendas y con mucha influencia en la pequeña alta sociedad del pueblo. La niña no tuvo la oportunidad de conocerlo pues murió años antes de que ella naciera pero lo había visto algunas veces en fotos viejas. Un hombre alto, fornido, de buen porte y elegancia al vestir. Sin duda en soltero mas cotizado de sus tiempos y el hombre mas deseado. Pienso que para las mujeres del pueblo conseguir ser la esposa de este hombre seria como presumir un premio importante. El líder de la elite.
Su abuela en tiempos de juventud presumía de ser la más preciosa flor rebosante de frescura y esplendor.
La hija de un contador de clase media pero respetado por su honradez y buena educación.
Conoció a Vivaldo en una de las glamorosas fiestas que su padre daba para todo el pueblo y después de haberse relacionado duraron apenas cinco meses de un noviazgo formal se casaron.
Su abuela le puso el nombre de Serena pues deseaba que adoptara esa misma posición hacia la locura de vida a la que estaba destinada. Su madre Jessica Lonvate llevaba el pelo rubia, ojos marrones, la piel bronceada y unos labios rosa carnosos. Jes era camarera de un bar en el pequeño pueblo, donde transitaban muchos ya que su avenida central era una ruta rápida para llegar a un destino mayor. La mayoría de las personas que transitaban por ahí eran hombres de negocios que se dedicaban a la industria del transporte de alimentos ya que el pueblo era el punto medio entre la ciudad y el campo. También personas que siempre debían viajar de la ciudad a otros lugares como músicos, comerciantes, artistas y los mas habituales eran esos motoristas los cuales tenían un bar en ese lugar solo para ellos. La joven mujer apenas en sus veintes, no tenia el menor sentido de responsabilidad o cuidado pues hace años se había embarcado en una aventura amorosa con un guitarrista que estaba de paso. Su abuela lo describía como un hombre de piel canela, ojos azules y una sonrisa angelical pero maliciosa. Jessica nunca lo describió ni lo mencionaba nunca. Cuando tenía apenas diecisiete años le entrego su virginidad, dándole la más mínima importancia a auto -respetarse como mujer se entrego siempre confiada de las promesas de matrimonio que su amante le daba a diestra y siniestra. Era un don Juan sin duda pero ella se hizo de oídos sordos a todo comentario de su madre. Lo único en lo que podía pensar era que si no le daba a su impetuoso noviecito lo que el deseaba se marcharía en un abrir y cerrar de ojos. Como era del esperarse la relación llego hasta el punto en el que ella le hizo saber del inesperado embarazo. La mujer quedo sola con las enormes obligaciones de la maternidad .Tuvo que renunciar a mucho y en vez de recriminarse por su falta de tacto decidió empeñar todas las culpas en criatura inocente que estaba por nacer. Se comportaba fría e indiferente hacia la niña. La culpaba de ser la causante de que estuviera literalmente atrapada en aquel pueblecito. Destinada a vivir y morir en la misma casa donde se crió. La casa era grande y espaciosa con una fachada estupenda casi daba ese aire de vivienda antigua, hecha en ladrillo algo rustica pues la textura del ladrillo se notaba a leguas ya que nunca se habían molestado en cementar las paredes para conseguir un aspecto liso ,en la época en la que fue construida era lo mas adecuado que las casas conservaran su textura original .Con tres habitaciones una que era la mas grande ,la otra un poco mas pequeña y la ultima habitación la cual tenia un aspecto mas de armario comparándola con la anchura y los techos altos de las otras dos. Grandes ventanas y puertas con grabados majestuosos, cocina amplia y un estudio elegante. El señor Lonvate la había construido para mudarse después de la luna de miel lo que era una de las muestras de que los Lonvate no escatimaban en gastos. Ese hecho la convirtió en la envidia de las mujeres, tener a un hombre que mandara a construir una casa celestial solo para ti es algo que no se veía a menudo.
Quien iba a pensar que solo le heredo deudas tras un buen apellido. Lo que había que pagar para saldar la deuda fue consumiendo rápidamente todas las propiedades, las cuales vendidas en subasta al mejor postor no generaron mas de la mitad del valor real .Ya que los compradores percibieron la desesperación de los propietarios por salir del lió. Como buenos hombres de negocios se aprovecharon de la situación.
Jessica no era una buena madre y lo más triste era que ni siquiera intentaba ser una madre.
La odiosa mujer no se preocupaba ni por la salud, ni la educación, ni por el bienestar de la pequeña. Es penoso pensar que muchas mujeres matarían por ser bendecidas con una hija y esta mujer no apreciaba tal bendición. Más que una madre descuidada era mezquina. Un ser totalmente despreciable. Nunca le intereso cuidar a su hija, lejos de hacerlo rechazaba todo contacto con ella. Desde el momento en el que la tuvo en los brazos el día de su nacimiento. Como si la criatura fuera el fastidio más grande de la humanidad.
No se le podría llamar odio, sino repulsión. Cuando odias a una persona discutes con ella por todo, pero ella ni para discutir le dirigía la palabra. Tenia una vida sexual promiscua, un peculiar deseo por ser bella y deseada por los hombres. Solo se dedicaba a salir con los monstruos chupa sangre que se hacían pasar por amigas, pasaba la mayor parte del día en el salón de belleza escuchando y corriendo el chisme. Asistía al salón casi a diario pues aunque no fuera con dinero utilizaba su amistad con las peluqueras para conseguir que le atendieran gratis, con la promesa de un pagare. Pasaba horas y horas pegada al teléfono, criticando a todo habitante hombre o mujer, cuando no hallaba razón la inventaba. En ocasiones la niña se le acercaba para que le ayudase con su tarea. La madre le gritaba que se fuera que no quería que la molestara, le daba media vuelta y la empujaba por la espalda para que se retirara. La pequeña que insistía y después de que la mujer la rechazaba se daba la vuelta he intentaba denuedo; la madre había llegado a empujarla tan fuerte que la niña caía al piso y se ponía a llorar, tanto por el golpe al caer al suelo como por el rotundo rechazo. Cuando esto pasaba llegada la abuela a ayudar a la niña a levantarse. Esto pasaba continuamente:
-Que has hecho tarada, además de bruta eres masoquista…-le decía a su hija pegándole en la cabeza con la mano abierta.
-Yo no tengo la culpa de que esa enana no entienda…-decía a tiempo que se sobaba la cabeza y se recostaba del sillón para poder observar mejor a su agresora-además te dije que no quiero que se me acerque.
-No seas tan estupida, ella es tu hija y tu eres la que debería ayudarla a hacer la tarea, no yo .Me tienes harta tu no sirves para nada…-decía moviendo los brazos para señalarla con gestos de recriminación.
-Ya déjame en paz vieja loca-grito imponiendo la suya como la ultima palabra .Sin importarle si la señora había terminado, se levantaba y se marchaba rápidamente para evitar que siguiera el regaño.
Algunas veces la señora desistía al ver que sus palabras no causaban efecto alguno en ella. Pero otras veces todavía dominada por la rabia que impera en estas discusiones. Le gritaba leperadas sin importarle que ella estuviera muy lejos ya para oírla y que sus vecinos estén muy cerca como para no percatarse.
La situación era así todo el tiempo la pequeña sabia que esto no era normal ya que no escuchaba que las familias vecinas se dieran un trato similar. Ella entendía que los padres eran buenos con los hijos cuando estos se portaban bien de lo contrario los castigaban. Ella no recordaba haber hecho algo tan malo que merezca el castigo de la fría indiferencia y el desprecio de su madre. Buscaba en su memoria pero no conseguía encontrar que era lo que le había hecho a su madre para que esta la odiara tanto. Pero aunque ella no lo recordara sabía que su madre no lo iba a olvidar. Sin saber el motivo por el que la despreciaba, siempre trato de enmendar y compensar lo que le molestaba a su madre.
En la escuela los profesores sentían gran compasión por ella. La maestra siempre la veía con lastima. Los otros niños la creían extraña por que nunca hablaba con nadie a menos que le preguntasen alguna cosa. No salía al receso ni jugaba con sus compañeros. Pero siempre fue la favorita de la maestra por que nunca hacia desorden ni le ocasionaba ningún tipo de molestias. En la clase siempre hacia su trabajo en silencio y después de terminar esperaba tranquilamente en su asiento hasta que la profesora tuviera la oportunidad de revisar su trabajo.
Además como no salia al recreo, se quedaba brindándole su compañía a la profesora, quien debía quedarse en el aula y ayudándole a recoger el desorden que sus compañeros le habían dejado. Pocos niños son tan considerados.
La verdad es que la rudeza de su madre la había marcado y condenado a buscar agradar a sus mayores o al menos eso pienso yo.
Esta de más decir que Serena vivió una infancia sin juegos ni diversión.
Este triste que un niño deba tener preocupaciones que vallan mas allá de jugar todo el día. No es justo que tenga que madurar tan rápido y comenzar a angustiarse por los problemas de adultos. La comprendo y la compadezco pues yo tampoco tuve la mejor de las infancias. No sufran, no me siento mal ni resentido con mis padres por que se que ellos dieron siempre su mejor esfuerzo. Pero me pregunto como seria yo hoy de haber tenido una niñez despreocupada.
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